Elvira, Guatemala

Girl Up comparte una entrevista con Elvira Margarita Cuc Cho, una mentora de 24 años que ayuda a jóvenes indígenas en Chisec, Alta Verapaz, Guatemala. Conocimos a Elvira a principios de este año, durante nuestro viaje a Guatemala para visitar los programas educativos y de liderazgo que empoderan a jóvenes indígenas como ella que viven en zonas rurales del país. Elvira forma parte del programa Abriendo Oportunidades dirigido por el UNFPA, y comparte con nosotros el progreso de las jóvenes líderes indígenas en la comunidad y el trabajo que todavía pendiente para las comunidades indígenas.

Vine a Chisec, Guatemala, en 2013 después de que mi madre falleció. La red de amistades que formé a través de Abriendo Oportunidades me ayudó en este lugar. Anteriormente, fui mentora y me ocupé de supervisar y coordinar el trabajo de 6 mentoras en las comunidades, y juntas salimos a proporcionar apoyo e información durante las elecciones locales. Para mí es importante ayudar a la sociedad, especialmente en las zonas rurales en donde viven las comunidades indígenas que necesitan información sobre sus derechos.

Nunca recibí información sobre mi salud sexual o reproductiva, y cuando comencé a menstruar no sabía qué era y me puse a llorar. Quiero ayudar a las chicas y ahora les cuento mis experiencias y cómo sucedieron las cosas para que no les suceda lo mismo. Necesitan conocer sus derechos. Me gusta formar parte del grupo de mentores de Abriendo Oportunidades porque puedo ayudar a las jóvenes a que se opongan a cualquier tipo de violencia.

Siempre viví en casa y no conocía mis derechos. Tengo dos hermanos mayores que podían salir cuando querían, simplemente porque eran hombres. Tengo una hermana que tiene 21 años y es maestra, pero no trabaja. Mis hermanos no estudiaron. Mi padre solía decir: “Tú no vas a estudiar. Eres mujer. Vas a buscar un marido”. Me las arreglé para continuar mis estudios incluso cuando mi padre me dijo que no iba a ayudarme económicamente. Encontré la forma de seguir asistiendo a la escuela y ahora estoy aquí como mentora. Esto me ayudó muchísimo. Ahora soy más independiente y tengo amigos. Mi papá solía gritarme y yo no decía nada, pero ahora sé defenderme. Muchas veces, no tener la libertad de salir a la comunidad significa que no tenemos acceso a oportunidades económicas o la oportunidad de conocer nuestros derechos y defendernos.

Ser mentora también me ayudó a empoderar a las mujeres de mi familia. Mi hermana solía decirme que se iba a casar cuando cumpliera 21 años y yo decía: “¿Por qué te vas a casar? Eres joven; puedes estudiar”. Ahora dice que va a seguir estudiando y se casará más adelante. Le digo a mi hermana: “Tienes derechos. No dejes que nadie te controle. Yo ya aprendí eso y no quiero que te suceda a ti. Necesitas libertad”.

Como mentora, hablo con las jóvenes de la comunidad sobre temas como la violencia. Comparto experiencias de cuando sufrí violencia en mi familia porque es necesario hablar sobre estos problemas. Recuerdo que una vez una joven se acercó y me contó que le había sucedido algo similar. Le dije que no dejara que eso le sucediera a su madre. Que aquí se encontraba en un espacio seguro. Muchas veces, las jóvenes se sorprenden al escuchar que existen cosas como lugares seguros y un sistema de apoyo diseñado para ellas.

Mi objetivo es compartir con las jóvenes indígenas aquí en Guatemala el mensaje de que necesitamos que conozcan sus derechos y que continúen estudiando para que puedan aprender incluso más sobre sus derechos. Como vivimos en áreas rurales, no tenemos acceso a tecnología ni oportunidades de divertirnos, conocer nuestros derechos y estar informadas. Es importante ayudar a las zonas rurales porque aquí es donde es difícil ser mujeres de ascendencia indígena. Las zonas no rurales ya cuentan con más oportunidades y ahora es momento de prestar atención a las áreas rurales y brindar oportunidades aquí, especialmente para las jóvenes.